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in Familia - 16 May, 2015
by josebula2 - no comments
Modelo de solicitud de matrimonio civil ante juez

SEÑOR
JUEZ CIVIL (0 PROMISCUO) MUNICIPAL DE …… (REPARTO)
E. S. D.
Nosotros……………..,. mayores de edad y vecinos de este lugar identificados con las cédulas de ciudadanía Nos….. … y ……,…… expedidas en …. . …. y …. . …….., respectivamente, y para dar fundamento a la presente solicitud ponemos en su conocimiento los siguientes

HECHOS

PRIMERO: Que es nuestro deseo unirnos en matrimonio civil(1) por libre determinación de conformidad con la ley.

SEGUNDO: El novio es …. …… quien se identifica con la cédula de ciudadanía No ……. de …. … domiciliado y residente en ….. … hijo de los señores ……… y …….,.. domiciliados en ..,……. de …. años de edad, de estado civil soltero y de profesión …………….
TERCERO: La novia es quien se Identifica con la cédula de ciudadanía No …. … de …. .., domici¬liada y residente en hija de y domiciliados en ……….. de …………. años de edad, de estado civil soltera y de profesión ……….
DERECHO
Todo lo anterior con base el artículo 128 del Código Civil y sin necesidad de permiso de otra persona de acuerdo a las disposiciones de los artículos 116, modificado por el Decreto 2820 de 1974 y 117 del Código Civil, y no existiendo causa que impida o invalide el matrimonio en relación con ninguno de los dos, de acuerdo al artículo 140 del Código Civil.
SOLICITAMOS
Admitir esta petición y darle el trámite que señale la ley.
TESTIGOS
Rogamos citar para que comparezcan a su despacho y los interrogue y examine sobre estos aspectos y las demás circunstancias que considere necesarias para poder unirnos en matrimonio, a los señores ……….. y . mayores de edad, identificados con la cédula de ciudadanía No …….. expedida en …… y No ……. expe¬didas en ……… y ………, respectivamente, domiciliados y residente en …………..
EDICTO
De igual manera y respetuosamente le solicitamos fijar el edicto y una vez vencido en los términos de ley, establecer fecha y hora para la celebración del matrimonio.
ANEXOS
Anexamos a la presente solicitud copias auténticas de las actas de registro civil de nuestro nacimiento y las de matrimonio de nuestros padres.
COMPETENCIA
Por la naturaleza del asunto es usted, Señor Juez, el funcionario competente para conocer del presente asunto
NOTIFICACIONES
Las notificaciones las recibiremos en la secretaría de su despacho o en la siguiente dirección
Del Señor Juez,
Atentamente,

CONTRAYENTE CONTRAYENTE
C.C. No. ……. de ….. C.C. No. ………. de ,…… (2)


Información adicional 

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El Diccionario de Derecho Privado español define así el matrimonio: La palabra matrimonio precede de la latina matrimonium, la cual deriva a su vez de las voces matris munium, que significan carga, gravamen y cuidado de la madre. Los caracteres del matrimonio son los de unidad indisolubilidad religiosidad y legalidad. Sobre la indisolubilidad del matrimonio canónico decía el apóstol San Pablo: “Que el hombre no separe lo que Dios ha unido . Este concepto se opone al divorcio vincular, por considerarlo una institución contraria a la naturale¬za y fines de la unión conyugal, que sólo debe disolverse con la muerte de uno de los esposos.
Escriche, en su Diccionario Razonado de Legislación y Jurisprudencia, define el matrimonio como “la sociedad legítima del hombre y de la mujer, que se unen con vínculo indisoluble para perpetuar su especie, ayudarse a Ilevar el peso de la vida y participar de su misma suerte’.
Son muchas las definiciones que se han formulado por los distintos autores acerca del matrimonio: “La unión indisoluble que bajo las prescripciones de las leyes civiles y religiosas forman el hombre y la mujer para procurar la procreación de los hijos, ayudarse mutuamente y santificar su vida y costumbres” (Falcón). “La unión solemne e indisoluble de hombre y de mujer, para prestarse mutuo auxilio y procrear y educar hijos” (De Casso)”. (Guillermo Hoyos Montoya, Derecho Matrimonial Civil y Canónico. 2a edición 1991. Señal editora, pág. 22).
“En virtud de esta definición, el matrimonio implica siempre el acuerdo libre de voluntades de un hombre y una mujer; sin este acuerdo no hay matrimonio. Esto es lo que da a entender la palabra contrato empleada por el art. 113 del C. C aunque, como lo veremos en seguida, es discutible la convivencia de usada, y habría sido preferible que se hubiera empleado la expresión acuerdo de voluntades. Este acuerdo debe ser solemne, y si se omiten las solemnidades prescritas no hay matrimonio.
En virtud del matrimonio, el hombre y la mujer se obligan a formar comunidad doméstica, esto es, a vivir bajo un mismo techo, y la mujer promete vivir únicamente con su marido y este con la mujer. La promesa mutua de fidelidad es de la esencia de todo matrimonio y no puede excluirse en ningún caso.
Por otra parte, el matrimonio sólo puede celebrarse entre un solo hombre y una sola mujer, lo cual es consecuencia de la monogamia que rige el derecho familiar de las sociedades actuales.
En cuanto a los fines del matrimonio, los esenciales son la cohabitación sexual y la procreación. Como ya lo indicamos, la finalidad princi¬pal de la familia, especialmente de la familia legitima que tiene su origen en el matrimonio, es la procreación y perpetuación de la especie humana. Todo matrimonio debe ser capaz por lo menos en potencia, de obtener esos fines, y decimos en potencia porque puede darse el caso, que es excepcional, de que a la cohabitación sexual no le siga la procreación, es decir, que no haya hijos por causas ajenas a la voluntad de marido y mujer. Con todo, en este caso se cumple una de las finalidades del matrimonio, como es la cohabitación.
De todos modos, no se concibe un matrimonio en que marido y mujer no puedan realizar ninguna de las dos funciones. No se necesita deformar el concepto de matrimonio para hacerlo servir a otros fines que no sean los indicados. Puede concebirse por ejemplo, que un hombre necesite de una compañera para asociar sus esfuerzos, sus economías, su manera de pensar y de actuar dentro de un plan armóni-co de acción, y a esa asociación, que puede ser licita, darle el nombre que se quiera, pero como ella no implica cohabitación sexual, no será posible ni lógico revestirla con las características del matrimonio.
Aunque pudiera decirse que el matrimonio in extremis no cumple ninguno de esos dos fines sin embargo dado que se propone otorgar el beneficio de la legitimación a los hijos naturales que han tenido dos concubinos, cabe advertir que ellos fueron realizados de antemano, y entonces no se hace más que revalidar lo que se había hecho al margen de la ley.
En resumen, la finalidad del matrimonio ha sido y será siempre la satisfacción ordenada de Ios apetitos sexuales entre los cónyuges, por una parte, y, por la otra, la procreación.
Como ya lo indicamos, el art. 113 del Código Civil dice que el matrimonio es un “contrato”, y el art. 115 agrega que “el contrato de matri¬monio se constituye y perfecciona por el libre y mutuo consentimiento de los contrayentes”.
I. El acuerdo matrimonial. Contrato es el acuerdo de voluntades mediante el cual se establecen obligaciones patrimoniales entre los con¬tratantes (C.C., art. 1495), quienes pueden resolver lo acordado por mutuo disenso (C.C., art. 1602). o también imponer términos o condicio¬nes a las mutuas obligaciones que contraen, con el único límite de orden público y las buenas costumbres.
1. Frente a este concepto de contrato, que perfectamente puede aplicarse a la venta, al arrendamiento o a la permuta, no creemos posi¬ble que el matrimonio quede comprendido en él, por las siguientes razones: a) si bien es cierto que el matrimonio supone un acuerdo de voluntades, dicho acuerdo más que todo origina obligaciones que no son patrimoniales, o propiamente civiles como quiera Llamárselas, sino obligaciones de índole moral, que no pueden avaluarse en dinero ni directa ni indirectamente, como son la de fidelidad, la de cohabitación, la de obediencia de la mujer al marido y la del mutuo respeto entre los cónyuges; b) el matrimonio a diferencia de los demás contratos, no puede resolverse por el mutuo consentimiento de los contrayentes; c) al matrimonio no pueden interponérsele términos o condiciones.
Por las anteriores razones fácilmente se comprende que por ningún aspecto se puede equiparar el acuerdo de voluntades que presupone el matrimonio, al acuerdo de voluntades que presupone cualquier otro contrato, y resulta también fallo de lógica recurrir al vano expediente de decir que el matrimonio es un contrato de características sui generis.
Entonces, ¿como calificar el acuerdo de voluntades que es necesario para celebrar el matrimonio?. Por fortuna en la terminología jurídica existen otros términos que sirven para calificar los acuerdos de voluntades que no persiguen el establecimiento de obligaciones patrimonia¬les, por ejemplo, la palabra convención, que tiene una amplitud conceptual mayor que la de contrato e indica, cualquier acuerdo de volunta¬des que vincula a quienes la celebran, pero sin que signifique necesariamente que se establecen obligaciones. Y si se tiene en cuenta que todo acuerdo de voluntades es siempre un negocio jurídico, tampoco hay inconveniente para calificar el matrimonio como tal, aunque con¬vendría agregar que se trata de un negocio jurídico familiar, a fin de distinguirlo de la mayoría de los negocios jurídicos que recaen sobre los elementos patrimoniales de las personas. El término más adecuado para calificar el acuerdo de voluntades del matrimonio es el de pacto o acuerdo matrimonial.
2. En todo caso es necesario hacer resaltar que esencialmente el matrimonio de la civilización moderna consiste en el acuerdo de volun¬tades de los contrayentes. En los tiempos antiguos existió el matrimonio por rapto y el matrimonio por compra, en los cuales no existía el consentimiento de la mujer raptada o comprada. En los derechos preislámicos se consideró el matrimonio como un contrato por el cual el hombre adquiría del padre o de un representante, el derecho a poseer su futura esposa.
El derecho romano, en cierta etapa de su desarrollo, admitió el principio de que el matrimonio supone el consentimiento de los mismos novios. La Iglesia se inspiró en dicho principio y lo desarrolló ampliamente. Por lo tanto, cuando se afirma que el matrimonio es contrato se quiere expresar que es necesario, para su perfeccionamiento, el consentimiento de los cónyuges.
II. El matrimonio como sacramento. Para la Iglesia Católica el matrimonio es contrato y es sacramento. Pero no se trata de dos elemen¬tos independientes, sino que es el mismo acuerdo de voluntades (contrato) el que tiene el carácter de sacramento entre bautizados (canon 1012 del C. de D.C.). Por consiguiente, el mismo contrato es sacramento y el sacramento es el contrato.
Esta concepción religiosa del matrimonio ha ejercido gran influencia en los regímenes jurídicos de los pueblos cristianos y, en forma es¬pecial, en las naciones que proclaman como única religión oficial la de la Iglesia Católica.
En Colombia produce plenos efectos civiles el matrimonio que se celebra de acuerdo con el Código de Derecho Canónico.
III. El matrimonio como institución. Si se tiene en cuenta la fuente u origen del matrimonio puede decirse que es un acuerdo o pacto ma¬trimonial, puesto que implica un acuerdo de voluntades; pero si se le examina por el aspecto de sus consecuencias, necesariamente hay que admitir que es algo más. Efectivamente, quienes celebran pactos o convenciones suelen indicar los efectos o resultados que han de produ¬cir; pero en el acuerdo matrimonial no ocurre lo mismo, ya que los contrayentes no pueden indicar qué resultados o fines debe producir, pues estos se encuentran directamente indicados por la ley, y los contrayentes no pueden modificarlos, como que son de orden público familiar. Es más aún: si generalmente los contratos y las convenciones no pueden producir efectos más allá del círculo de quienes lo cele¬bran, el matrimonio, en cambio, tiene un radio de acción mucho más amplio que abarca a personas distintas de los cónyuges, como sucede con los hijos habidos en el matrimonio, quienes quedan protegidos por el estado matrimonial de sus padres, aunque estos no lo quieran.
Con toda razón la doctrina moderna enseña que si el matrimonio por su fuente es acuerdo de voluntades, por sus efectos es estado, en virtud de su carácter institucional. Una institución es algo muy superior a un acuerdo de voluntades, tanto por sus electos, como por su duración; lo es por sus efectos, porque, según se ha dicho, no depende de la voluntad de los contrayentes, quienes de ordinario los desco¬nocen en el momento de la celebración; lo es por su duración porque, aunque el matrimonio se extinga, sus efectos se perpetúan en los hijos legítimos habidos en él” (Arturo Valencia Zea, Derecho Civil, Tomo V, Derecho de Familia, Tercera edición. Editorial Temis, Bogotá, 197D, págs. 43 y ss.).
(2) Aspectos importantes en relación con el matrimonio civil deben observarse:
A. “El matrimonio como contrato, requiere para su validez o eficacia, el cumplimiento de una serie de requisitos, que la doctrina y la jurisprudencia han denominado y clasificado como de fondo y de forma.
En ese sentido el articulo 115 del C.C. define que. “el contrato de matrimonio se constituye y perfecciona por el libre y mutuo consenti¬miento de los contrayentes, expresado ante el funcionario competente, en la forma y con las solemnidades y requisitos establecidos en este código, y no producirá efectos civiles y políticos, si en su celebración se contraviniere a tales formas, solemnidades y requisitos”.
Ordenadas bien las cosas, habrá que entender que la ley señala las exigencias o condiciones o requisitos indispensables y es la doc¬trina y la jurisprudencia las que le dan la denominación de requisitos de fondo y de forma. Los de fondo se refieren a las cualidades que los contrayentes como personas deben reunir, esto es considerado en si mismo, y los de forma a la manera como el matrimonio se celebra, al trámite y diligencias que se deben cumplir desde la solicitud de matrimonio hasta el registro del acta de matrimonio una vez celebrado el acto matrimonial.
Los de fondo se clasifican en positivos y negativos; los positivos deben darse para que el matrimonio valga y son: la diferencia de sexo y la capacidad sexual, la capacidad mental y las declaraciones de voluntad de los contrayentes. Los negativos no deben existir, para no impedir la celebración matrimonial, es decir que si ellos se dan el matrimonio no podrá realizarse y son: la inexistencia de un vínculo de parentesco, la inexistencia de un vínculo matrimonial anterior y el homicidio del cónyuge.
Ahora, los requisitos de forma, pueden ser anteriores al matrimonio, coetáneos a su celebración y posteriores al mismo. Son anteriores al matrimonio: la solicitud de matrimonio o el aviso al juez y su publicación.
Son coetáneos a su celebración: el funcionario competente, el lugar donde se celebra, la presencia de los contrayentes personalmente o representados por apoderados, la presencia de los testigos hábiles, la declaración de voluntad y el acto matrimonial.
Y posteriormente al matrimonio: el registro del acta matrimonial, a la cual se procederá con vista en la escritura de protocolización de las diligencias judiciales o administrativas correspondientes, art. 68, Decreto 1260 de 1970″. (Alcides Morales Acacio, Lecciones de Derecho de Familia Grupo Editorial Leyer, págs. 478 y ss).
B. “La capacidad para contraer matrimonio es por regla general la misma para contratar. Pero en tratándose del matrimonio se ha estima¬do que existen dos clases de capacidades: una plena y absoluta para los que están en mayoridad que podrán celebrarlo con absoluta libertad cuando así lo deseen; y una menos plena o semiplena o relativa que concede la ley a los púberes, esto es, a los varones mayores de catorce años y menores de dieciocho; y a las mujeres mayores de doce y menores de dieciocho años: toma el legislador en cuenta que si a esta edad puede el hombre engendrar y la mujer concebir, que es lo más; podrán también entonces prestarse consentimiento, que aquí es lo menos. Y como el pleno de capacidad reflexiva no existe, para conocer los fines y naturaleza del matrimonio los contrayentes deben complementarlo con el permiso o autorización de los padres. Eso se ha considerado complementa la capacidad. Pero como el permiso puede concederse o negarse la capacidad es relativa, no hay la libertad en la manera que se da en los mayores.
La autorización para que varón y mujer púberes puedan celebrar matrimonio la deben dar preferencialmente los padres, a quienes la ley entiende como las personas más idóneas para criarlos, educarlos, dirigirlos y establecer a los hijos; cuando los padres no están de acuerdo prevalecerá la voluntad del que consienta; si el menor púber es reconocido por uno solo de los padres, naturalmente que será él quien conceda o niegue el permiso. Entonces es lógico decir también que cuando uno de los padres haya sido privado de la patria potestad no podrá ejercer esa facultad; cuando falte uno de los padres, porque esté ausente o porque haya muerto o por alguna otra razón, la dará el otro. Y cuando no exista ninguno de los dos, o sean incapaces, corresponderá ordenadamente a los ascendientes en su defecto, al curador general o al curador especial, arts. 117, 118, 119, 120 del Código Civil.
Ese permiso o autorización debe ser expreso, y por escrito, y como puede concederse o negarse, art. 117 C.C., es necesario saber que cuando se niega por parte de los padres o ascendientes no es indispensable que se expongan las razones de su negativa, art. 121 C.C., pues se ha estimado que ellos, y especialmente los padres, son titulares de derechos incausado y absolutos sobre los hijos y quienes por sobre todas las cosas buscan el bienestar para ellos, por entenderse las personas con más idoneidad para procurar su bienestar, colaborán¬dole en lograr lo que más y mejor le convenga al hijo.
Pero cuando el que lo niega es el curador debe, dice el artículo 121 expresar las causas y ellas son por mandato del artículo 122 las si¬guientes:
1. La existencia de cualquier impedimento legal;
2. El grave peligro para la salud del menor a quien se niega la autorización, o de la prole;
3. Vida licenciosa, pasión inmoderada por el juego, embriaguez habitual de la persona con quien el menor desea casarse; 4. Estar sufriendo la persona que se va a casar con el menor la pena de reclusión;
5. No tener ninguno de los esposos. medios actuales para el competente desempeño de las obligaciones del matrimonio.
Ahora como a pesar de que la ley exige para los menores púberes el permiso para contraer matrimonio, en las condiciones sobredichas es probable que éstos se casen sin esa autorización; pero esa determinación irregular del menor tendrá estas consecuencias:
1. Podrá ser desheredado no solo por sus padres, sino por todos los otros ascendientes. Y si alguno de éstos muriere sin hacer testamen¬to, no tendrá el descendiente más que la mitad de la porción de bienes que le hubiere correspondido en la sucesión del difunto, arts. 124 y 125 C.C..
2. El ascendiente sin cuya autorización se hubiere casado el descendiente, podrá revocarle por esta causa las donaciones que antes del matrimonio le haya hecho.

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